Equivocados

domingo, 6 de noviembre de 2016

Siempre me equivoqué contigo.

Buscábamos cosas distintas. Pensabas que aspiraba a lo máximo, cuando la única certeza que recuerdo era sentirme pequeña a tu lado.

Cuánto me arrepiento. 

Sentiste miedo al confesarme que era quien mejor te conocía. Yo sentí tu indiferencia antes de que te dieras cuenta.

Preferiste ser una fantasía que me encontrara cada noche. Yo simplemente buscaba alguien con quien poder desayunar.

Y, de nuevo, me extrañas. Aun cuando el extraño eres tú. El que cree que con volver hará que yo quiera volver. Equivalente error a cuando creí que con querer iba a conseguir que me quisieras.

El tiempo nos dio la vuelta. Mientras crees buscarme, hoy siento lo que tú me dabas.

Porque el error no siempre estuvo en nosotros, sino en la forma de sentirnos.

Vuelvo

viernes, 7 de octubre de 2016

Vuelvo a este lugar. Vuelvo donde todo empieza.

Llegué tal día como hoy, y también con 18. Recuerdo la misma ciudad, y cómo me aprendí el nombre de todas las calles con sus respectivas noches. Luego llegarían las lecciones de los amargos despertares, y esos parciales de Historia arruinada en la barra de un bar

Sí, quizás llegué más perdida de lo que hoy llegas tú.

No te miento si te digo que añoro momentos de esos años. Encadenando amores de peaje, amistades incansables y atravesando pasillos entre libros. Días en los que recordar noches; noches para olvidar los días. Ese privilegio de encontrar un recuerdo cuando regresas a cada lugar que descubriste. Y no tener muy claro quién ha cambiado a qué.

Por eso, cuando me hablas de que te hacen perder el tiempo, cuando te quejas hasta olvidar la razón de tu enfado y cuando gritas que esto es un mero trámite, solo puedo sentir pena. Pena porque, por desgracia, tengas un sinfín de razones que te hayan llevado a esa conclusión. Porque las palabras que hoy te digo se rompen en el muro que día a día levantas. Porque entre todos te hayamos fallado y tu fallo haya sido acomodarte tras esa pared.

Lucha, descubre, critica, cuestiona. No despiertes pensando en lo que has querido ser y ya no has sido. Desquíciate. Quédate en los detalles. Quédate con quien te los muestre. Con quien el mundo deje de ser una mierda cada vez que abra esa puerta.

Y decepciónate, pero no aprendas a cumplir más años que promesas. Solo así podrá la vida tratarte dignamente.

Porque ahora que mi adolescencia parece un septiembre lejano, descubro que cada año soy mayor que tú. 

Tú, que acabas de llegar. 
Yo, que exprimo estos pasillos por segunda vez.

Cerca del final. Donde todo empieza.

 

Antes solía escribir

viernes, 1 de julio de 2016

Antes solía escribir. Sobre sentimientos, relaciones, personas, situaciones... Todo importaba. Quizás para no olvidarlas, para que siempre viviesen en mis palabras. Aún hoy puedo volver a ellas y siento cómo me llevan a ese pasado tan presente. Seguramente esa ansia temporal aún me acompaña.

Antes solía escribir. No sé si mejor o peor, eso antes no importaba. La verdad va más allá de largas explicaciones y rebuscadas metáforas. Lo que realmente buscaba era sentirme protegida tras las palabras, además del mundo que me aportaban. Quizás por ello sigo en la búsqueda del mejor de mis poemas, pese a que aún no lo haya vivido. O a la aventura de una prosa más elocuente, tras la que me he escondido incansablemente.

Descubrí que los años también aportan perspectiva, seguridad, aunque a mí me hayan convertido en una absoluta perfeccionista. Dicen que con los años no he aprendido a confiar en mí, que no soy consciente de todo lo que sería capaz de conseguir. De todo lo que soy. Y es que, a veces, los años no aportan todas las perspectivas que buscamos.

Pero si hablamos de perspectivas...


Sé que antes solía escribir de todo.
Ahora todo me hace escribir sobre ti.

La suerte del ocaso

jueves, 10 de marzo de 2016

No importa dónde convergen cielo y tierra,
en ese preciso instante
donde el día se reencuentra con la noche
tejiendo horizontes lejanos.


Aún hoy recuerdo esa estela
de aquellos cuatro años de garantía estimados
en una ciencia de sueños,
de nosotros y del ello
condicionando hasta lo más morboso del ser humano.

La piel erizada,
el destello de tus ojos
mientras la utilidad de tus labios
cosía todos mis horizontes truncados.

Preferí escribir antes que hablar
el silencio frente al ruido
quebrarme la voz en una mirada,
caer al enigma de mí misma.

Hice correr ríos que nunca han existido,
atravesé el viento con tu voz
admirando la ferocidad
con la que derrotaste mi rutina
desnudando mis propios pensamientos
durante meses desatados.

Soy quien esperó la conclusión
de una azarosa y feliz historia.
Fui una afortunada, lo admito,
ignorando que la vida se cierra
como se rinde el cielo.

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