La suerte del ocaso

jueves, 10 de marzo de 2016

No importa dónde convergen cielo y tierra,
en ese preciso instante
donde el día se reencuentra con la noche
tejiendo horizontes lejanos.


Aún hoy recuerdo esa estela
de aquellos cuatro años de garantía estimados
en una ciencia de sueños,
de nosotros y del ello
condicionando hasta lo más morboso del ser humano.

La piel erizada,
el destello de tus ojos
mientras la utilidad de tus labios
cosía todos mis horizontes truncados.

Preferí escribir antes que hablar
el silencio frente al ruido
quebrarme la voz en una mirada,
caer al enigma de mí misma.

Hice correr ríos que nunca han existido,
atravesé el viento con tu voz
admirando la ferocidad
con la que derrotaste mi rutina
desnudando mis propios pensamientos
durante meses desatados.

Soy quien esperó la conclusión
de una azarosa y feliz historia.
Fui una afortunada, lo admito,
ignorando que la vida se cierra
como se rinde el cielo.

Hipótesis científica

viernes, 22 de enero de 2016

Nada dice acerca del amor.
La hipótesis biológica
de que se trata de una reacción química.
No tengo ningún inconveniente en admitir
que te aman mis jugos interiores
que tu ausencia me intoxica la sangre de negra bilis
que al contemplarte
sube la tasa de mi monóxido de carbono
y los linfocitos se reproducen alocadamente.

Si me pongo lírica
y se me traba la lengua
¿cómo no reconocer que alteras mi metabolismo basal
y entorpeces mis digestiones?

Mis narinas tiemblan
aumenta la presión de la sangre
enrojezco y me altero
o sudo y palidezco.

Mi amor es gutural e instintivo
como el celo de los animales.
Cualquier metáfora que erija
como un vestido sobre la epidermis
será artificio.

Y sin embargo,
cuando te hablo,
evoco leyendas antiguas:
Tristán, Iseo, la cruel Turandot,
Dido, la enamorada, y la indiferente Helena
se amontonan en mi boca,
viajan,
en ríos blancos de saliva.

Hipótesis científica
o cultura,
lo mismo da:
mis vísceras no distinguen,
aman, sin preguntarse qué es el amor.

Cristina Peri Rossi

Feliz 2016

jueves, 31 de diciembre de 2015

A veces es complicado describir con palabras los momentos y sensaciones vividas a lo largo de todo un año. Hoy es ese buen día en que te levantas, haces balance y te das cuenta de que es hoy, de que es el día en el que la noria vuelve al comienzo. Hace algunos meses que dijimos que comenzaríamos una nueva etapa, que pondríamos nuevas metas, que alcanzaríamos nuevos objetivos, que dejaríamos de hacer aquello y que empezaríamos hacer esto otro. Hace tan solo doce meses que nos propusimos dejar 2014 atrás y afrontar un 2015 con la única esperanza de que fuera un poco mejor que el anterior. Algunos con ilusiones renovadas, otros con miedos aún latentes, y más de uno con ganas de renovarse o morir. Nos propusimos no volver a caer con esa piedra en la que tropezamos, nos propusimos retomar aquello que abandonamos por miedo a fracasar. Tal vez decidimos demasiadas cosas; algunas las conseguimos, otras fueron más allá de lo que sabíamos que podíamos alcanzar, y hoy, al echar la vista atrás, me doy cuenta de que ya ha pasado un año más.

Ha sido un año de reafirmación, de esfuerzo y de gratas recompensas. Reafirmación y esfuerzo en una decisión arriesgada pero de la que aún hoy pienso que ha sido una de las mejores que he tomado a lo largo de mi vida. Una de las recompensas más importantes ha sido disfrutar de una compañía libre e inspiradora, haciendo que el día a día sea más llevadero, y provocando que los meses pasen tan rápido como si fuesen días. Gracias a los que me apoyan día a día, a las que han seguido ahí un año más, a esas personas que he encontrado en esta nueva etapa y a aquellas con las que quiero seguir hasta el final. Porque pocas personas son para toda la vida, pero cuando las encuentras, algo te dice que es así. Me quedo con lo bueno de todo un año para afrontar el siguiente con más ganas. Un año de vértigo en el que pronto cumpliré un cuarto de siglo.

Tenemos la oportunidad de aprovechar los trescientos sesenta y seis días que tenemos aún por delante. Volveremos a reír, a equivocarnos, a no cumplir lo que el año anterior también nos propusimos, pero también a intentar ser felices y a aprovechar cada momento que se nos presente. Por esa lista de propósitos que nunca cumpliremos y por esos deseos que a partir de esta noche intentaremos alcanzar. 

Feliz 2016.

Que seas feliz, porque puedes y quieres estarlo, y no porque sea un día señalado en el calendario.



«No perdamos el tiempo...»

martes, 7 de julio de 2015

Eres consciente de que cierras una etapa cuando no sabes qué decir. Cuando te das cuentas de que no quedan más peldaños por superar. Cuando el corazón te empuja intensamente a expresar todo lo que apenas ya da tiempo a decir.

Y es que hay días buenos al igual que malos. Qué te voy a decir, si yo acabo de llegar. Pero hoy ha sido un día para sentir. Porque comunicar es expresar, es hacer sentir. Y no eres consciente de lo que sientes hasta que no sabes qué decir.

Hace seis años y parece que fuera ayer cuando llegaste, repleta de ilusiones inciertas, a la par que insegura. Porque hay cosas que no cambian frente a otras que sí. Como aquellos años en los que nadie reparaba en ti. Cuando eras solamente un número al que calificaban cada cuatro meses. Pero seguiste, confiaste, lo alcanzaste. Esa lucha incesante por encontrar un lugar. Tu lugar.

Hubo tantas montañas rusas en las que subir. Esa adolescencia tardía que aun respiras, cuando recuerdas confundir amor con compañía. «Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad». Ratos que te daban la vida, mientras otros te la quitaban. A veces lo diste todo. Con los brazos abiertos y los ojos cerrados. Tuviste que abrirlos para ver quién estuvo ahí, recogiéndote tras cada caída. Y eso ya no sólo fue compañía.

Hoy estuve allí. De vuelta a ese lugar, al que ya siento como mi lugar. Y no hay nada más reconfortante que dar lo que has recibido, que profesar admiración envuelta de un profundo cariño. Momentos, recuerdos y despedidas que a veces se resumen en un emotivo hasta luego. No me gusta decir adiós, pero soy una sentimental que siempre echa de menos. Gracias por la confianza, por crear implícitamente una motivación que creía perdida. Siento esas ganas renovadas de seguir cumpliendo metas, de superarme a mí misma, y todo gracias a conocer a personas como tú en este largo camino que es la vida. 

Y es que hace un año no sabía muy bien qué me iba a deparar la aventura que pretendía comenzar. Hace un año tuve miedo por no saber qué hacer con mi vida, por no encontrar nada que me llenase. O por no encontrar nada, simplemente. Pero un año después puedo decir que he emprendido un camino que me está haciendo feliz y en el que estoy dando lo mejor de mí. Paso a paso, sin prisa pero sin pausa.

Gracias a los que me apoyan día a día, a las personas que he encontrado en esta nueva etapa y a aquellas con las que quiero seguir hasta el final. Porque pocas personas son para toda la vida, pero cuando las encuentras, algo te dice que es así. Me quedo con lo bueno de un curso para afrontar el siguiente con más ganas.

Nos vemos en septiembre.


Dejar el alma en cada despedida, para así tener un motivo más para volver.

Graduados

domingo, 31 de mayo de 2015

Hace un año que terminó una importante etapa de mi vida, rodeada de la gente que me ha acompañado en los momentos más importantes de ella. Hoy, desde el recuerdo, os tengo presentes. Todos hemos empezado un camino, similar o distinto, pero lo importante es lo que hemos podido compartir todo este tiempo y logramos culminar ese día. Gracias a los que siempre vais a estar acompañándome, en la distancia o en la cercanía, por muchos años que pasen. Y gracias a los que de una manera u otra me están haciendo más fácil el poder continuar en este nuevo camino.